Somos la sociedad del estrés. Una de las grandes dolencias de las llamadas ciudades con alto nivel de vida es precisamente un problema de calidad de vida ¡Qué irónico!
Resulta que muchas veces confundimos nivel de vida con calidad de vida. El primero se refiere a bienes materiales, mientras que los segundos son más bien “etéreos”: tranquilidad, paz, trabajo cercano a casa, más convivencia con la gente que amamos, más tiempo de ocio, etcétera.
Quizá una de las mejores maneras de combatir este estrés sea a través del intercambio de estos conceptos: menos nivel de vida a cambio de más calidad. ¿Acaso no estamos dispuestos a sacrificar nuestro súper coche por uno más modesto a cambio de pagar menos y dejar de pensar en la letra?
Una serie de consejos que se me ocurren para bajar el estrés, más los que vosotros propongáis:
Pensamientos positivos.
Muchos lo conocen como meditación, quizá sea el inicio de la misma. Si
dedicamos diario, al levantarnos y acostarnos, cinco a diez minutos en
completo silencio y paz a sólo tener pensamientos positivos, veremos al
cabo de pocas semanas cómo vamos cambiando y cómo nuestro cuerpo nos
irá pidiendo estos momentos de reflexión.
Ejercicio. Si
dedicáramos 20 a 30 minutos diarios, o al menos tres a cuatro veces por
semana, a nuestro cuerpo a través del ejercicio eliminaríamos muchas
toxinas que se acumulan con el diario vivir. Oxigenaríamos mejor
nuestro cerebro, y nuestro cuerpo, al sentirse más fuerte, sería menos
sensible a los sometimientos diarios a la presión externa.
Charlas positivas. No
cabe duda que el dialogar con otros seres humanos ayuda a aliviar
nuestro corazón. ¡Pero ojo! Cuidado con el tipo de conversaciones, hay
gente y diálogos tóxicos que debemos evitar. Busquemos aquellas
personas con ganas de vivir, que nos hablen de sus sueños, esto nos
llenará de felicidad. Medicina y antídoto terrible contra la depresión
y el estrés.
Comida. “Que el alimento sea tu
medicina” creo que lo decía Hipócrates. Somos lo que comemos, así que a
evitar carnes, comidas grasientas, alcohol y tabaco, etcétera. ¡No nos
vamos a volver monjes tibetanos! Pero sí un poco de mesura, más frutas
y vegetales.
Descanso. Para trabajar más y mejor hay
que descansar, y aunque suene lógico mucha gente no lo entiende. Más
valen ocho horas de trabajo intenso que doce en la oficina haciendo el
tonto, porque es imposible mantener este ritmo al 100% durante mucho
tiempo.
Empecemos.
fuente. salud y consumo







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