La postura es un lenguaje del cuerpo que dice sin mentir cómo nos sentimos con los demás y con nosotros mismos, a tal punto que forma parte de la personalidad.
Su postura dice cómo se siente con su vida, con los demás y con usted mismo. En otras palabras, la forma como se para, como camina o como se sienta conforman un lenguaje que pone en evidencia no solo su estado físico sino también emocional.
Eso no miente, es mejor que el polígrafo. Para la muestra baje la cabeza, encoja los hombros, doble un poco la espalda, deje descolgar los brazos y grite que está feliz. ¡No se lo cree nadie!
Muchas veces el cuerpo envía mensajes equivocados, simplemente porque usted tiene malos hábitos de postura. No se trata de que tenga actitud de reina, pero las siguientes recomendaciones le pueden servir.
Recuerde. Su columna vertebral es la estructura que le permite doblarse, enderezarse, distribuir las cargas del cuerpo y moverse con flexibilidad para que no parezca una nevera con rodachines. De igual forma, los músculos son la clave para una buena postura. Los de la espalda sostienen la columna por detrás y los abdominales lo hacen por delante. Hasta aquí la anatomía.
Cuidadito. La mala postura afecta las curvas de la columna, desgasta los discos que hay entre las vértebras, sobrecarga los ligamentos, jala los músculos de manera desigual, produce dolores y desfigura el cuerpo. ¿Le parece poco?
En forma. Camine, corra, trote, nade, monte en bicicleta o muévase, haciendo lo que más le gusta, treinta minutos diarios en condiciones aeróbicas. Después de terminar, estire sus músculos. Entienda que si sus músculos y su peso están bien, su postura también. No importa su edad, se sentirá mejor. ¡Upa, pues! Deje la pereza.
Hombros. Los hombros hacia adelante le dan una apariencia desgarbada, limitan la respiración y producen desaliento. Échelos hacia atrás. Párese derecho, ponga las manos en la cintura, eleve los hombros hacia las orejas y trate de juntar los codos en la espalda. Cuente hasta quince y repítalo diez veces, dos veces al día. No es dificil. Hágale.
Pelvis. Su inclinación define las curvas de la columna. Mejórela. Acuéstese en el piso con las rodillas dobladas, meta la barriga, empuje la espalda contra el piso y apriete las nalgas. Sostenga y cuente hasta quince. Hágalo diez veces, una vez al día. Claro, mejor si es en la casa.
La patica. Si está de pie por mucho tiempo, levante una pierna, apóyela en una caja o algo parecido. Altérnelas. Así libera tensiones en la columna y alivia la plantoniada.
Siéntese bien. Los muslos deben quedar paralelos al piso, las rodillas al mismo nivel, y meta una almohada entre la silla y su espalda baja. De lo contrario su cuerpo se inclina, su espalda se hunde y los músculos trabajan más.
Por último. Al final del día acuéstese en el piso, suba los pies en una silla por 15 minutos, relájese
CARLOS F. FERNÁNDEZ
ASESOR MÉDICO DE EL TIEMPO
eltiempo.com







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